Casa del Muffin

Este es un pequeño espacio personal, mi asilo mental; lo compartiré con ustedes, disfruten con un muffin en mano y una rica taza de té (:

lunes, 30 de junio de 2014



Mi babushka está enojada

Reservada del mundo, viviendo de la ironía que cabe en boca de pocos

está en rincones amargos, oídos de historias lúdicas y lamentos

Está detrás de ventanas cerradas que encierran el vapor de su cuerpo

Pasos y más pasos que se oyen a lo lejos.

Una, dos, tres, cuatro horas, infinitas horas, una tras otra con calma, con prisa

Es indiferente cuál va delante y cuál detrás

Come migajas de las horas que pasa sentada en ese rincón

Traga la luz de las sombras que pasan rodeando ese rincón

Somete a juicio las voces de ecos que aúllan en ese rincón

Comete crímenes de amor, sola, en ese rincón.

Desnudos



El telón de nuevo sube, delante de nosotros un hombre juega el rol que le corresponde, ha estado allí desde que tienes memoria y antes de que nacieras, y estará probablemente cuando tú te marches de escena. Lo ves desenvolverse muy bien acto tras acto, si está con ellos o si está con ellas; se adapta, improvisa siempre; le hará falta si quiere seguir siendo llamado a ocupar un papel estelar hasta que acabe la función.

Y tú te quedas absorto, es la obra que se presenta todos los días, por alguna razón la has visto cientos, miles de veces, y la sigues viendo esperando que aparezca algo nuevo, esperando que se presente algo más. Ese que está arriba se encuentra acompañado todo el tiempo, sin embargo algo por dentro te dice que está solo, y en su soledad se hace fraterno. Allá arriba se presenta un colectivo de soledades. Soliloquios todo el tiempo. Vestuarios para cada cuadro, máscaras según la ocasión. Ese allá arriba es “el otro”; ese también eres tú.

Para un tal Paz nadie juega fuera de la obra, para mí él tampoco lo está.

¿Quién nos asegura que logramos ver a través del artífice? Cuando la faceta está encarnada ¿cómo distinguir un rostro desnudo? No importa qué tan cercano sea el otro, nunca podrá por su experiencia traspasar hasta la nuestra. Pero eso no nos anula entre nosotros. Estamos con un pie en cada cuadro, el propio y el de los otros.

Una voz resuena, no identificas si viene desde adentro o desde afuera: “¿Y por qué no mostrarnos?” Nos hemos hecho a la idea de que los demás no soportarían nuestra cruda franqueza, y es mejor mantenernos en un enigmático misterio, a una repulsiva sobriedad. Un eco mudo.

Tercera llamada, nueva función, se anuncia “desnudos” y despierta el interés común, el público reprocha desde antes la falta de recato. Desnudo sin máscaras, desnudos sin velo, desnudos sin nudos, desnudos.

Allí van y muestran sus miedos, sus ansias, sus poros abiertos, fracasos en cada pliegue de su cuerpo, ilusiones que dan risa, obran como si los otros no existieran, pero son al fin ellos mismos..

Algunos observan extasiados, sonrojados, unos más suben a escena y se despojan también de su disfraz. No son los primeros en intentarlo ni tampoco los últimos, la obra está siempre inacabada, y así podrían exponerse todos a los reflectores los que quieren dejar de mentirse, como podrían no querer hacerlo ninguno nunca, estamos siempre en escena, arriba o abajo, es cuestión de perspectivas.