Si mis miedos hablaran,
me hablarían de aquél abril
petrificado bajo las sábanas.
Si el miedo hablara
me arrancaría la piel de la cara a mordidas
y lamería entre mis dientes
en busca de más comida.
Si el miedo me hablara
no sería prudente,
lo haría en silencios intermitentes
y conversaría conmigo hasta caer la mañana,
cantando mis canciones
desde la cuna, hasta la tumba.
Si el miedo me hablara
pediría un baile conmigo
un tango, de esos que nunca faltan,
se atrevería a tocar mis muslos
intrépido, bajo la falda.
Si el miedo me hablara,
me hablaría de los posibles finales
que nunca tuve contigo, ni con nadie,
Si el miedo me hablara,
me hablaría de ti,
de los finales que nunca comenzamos,
y los principios que nunca terminamos.
Porque yo le he dicho miedo
a todo aquello que asusta a la melancolía,
mi fiel compañera.
Porque yo le he dicho miedo a la verdad
detrás de los besos de tu boca
le he dicho miedo a saberme aquí, sola
a saberte ahí, herido
a sabernos, en ningún lugar, extraños.
Casa del Muffin
Este es un pequeño espacio personal, mi asilo mental; lo compartiré con ustedes, disfruten con un muffin en mano y una rica taza de té (:
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viernes, 16 de enero de 2015
sábado, 27 de diciembre de 2014
Otoño
Vio las flores decaer después de muchos meses,
notó que algo cambiaba.
Al terminar el verano
me desnudó de mi follaje
yacían mis hojas todas sobre el piso;
y contempló mis ramas secas, a la luz de la Luna.
-Tus raíces- dijo -así torcidas son hermosas-.
-Debo saber qué tan profundo llegan-.
Y se adentró a averiguarlo.
lunes, 15 de diciembre de 2014
Algún día es ningún día
Algún día es ningún día
La mayoría de los días no ocurría nada sustancial.
Yo intentaba darle a todos su peso,
el mínimo de impacto
para que valiera la pena dar al siguiente, el siguiente paso.
Así un día escribía un poema o una carta.
Al siguiente leía 20 páginas de aquél libro inacabable.
Al otro dibujaba a la chica de ojos tristes y sonrisa torcida.
Luego tirar todo y poner.
Luego hacer y deshacer.
Romper, construir.
Tomar, beber.
Salir, comprar.
Vernos, hablarle.
Correr, alzar.
¡Más rápido
Más intenso!
Intenso
Intenso…
Así mis días se volvieron pesados, tediosos…
A las 3 de la mañana a la luz del computador
Con la mirada cansada y las palabras fallidas
Trato una vez más
Escribir escribir
Otra hoja de la historia interminable
a la que no he decidido decirle qué rumbo tomar;
pero escribe ¡Escribe!
Acumula palabras, y quizá, con el tiempo, algo tome sentido.
Y continúo por aquí
Y le continúo por allá
Y entre ellas no hay continuidad.
Algún día, quizá, con el tiempo, algo tome sentido
Algún día es ningún día.
La mayoría de los días no ocurría nada sustancial.
Yo intentaba darle a todos su peso,
el mínimo de impacto
para que valiera la pena dar al siguiente, el siguiente paso.
Así un día escribía un poema o una carta.
Al siguiente leía 20 páginas de aquél libro inacabable.
Al otro dibujaba a la chica de ojos tristes y sonrisa torcida.
Luego tirar todo y poner.
Luego hacer y deshacer.
Romper, construir.
Tomar, beber.
Salir, comprar.
Vernos, hablarle.
Correr, alzar.
¡Más rápido
Más intenso!
Intenso
Intenso…
Así mis días se volvieron pesados, tediosos…
A las 3 de la mañana a la luz del computador
Con la mirada cansada y las palabras fallidas
Trato una vez más
Escribir escribir
Otra hoja de la historia interminable
a la que no he decidido decirle qué rumbo tomar;
pero escribe ¡Escribe!
Acumula palabras, y quizá, con el tiempo, algo tome sentido.
Y continúo por aquí
Y le continúo por allá
Y entre ellas no hay continuidad.
Algún día, quizá, con el tiempo, algo tome sentido
Algún día es ningún día.
viernes, 21 de noviembre de 2014
Yo no soy un error
No, yo no soy un error.
Yo soy la piedra con la que tropiezas de camino a casa,
cuando intentas ponerte a salvo, y entonces recuerdas que vas en el camino y
que hay un lugar en el que ponerte a salvo. Yo soy un viento que atraviesa con
furia la ventana, y despeina todos los cabellos de tu cuerpo. Y entonces
recuerdas que aunque cerraste la puerta, entran sorpresas por la ventana. Yo
soy el motivo del hartazgo tras un día cansado, y la bandera de tregua al final que elevas al
cielo, te recuerda que aún en esos días, a pesar de todo, hay descanso. Yo soy
la voz que pronuncias a solas cuando quieres nombrar tus sombras, y entonces
recuerdas que aún detrás, hay luz que te ilumina. Soy el bocado de culpa que
queda en el plato, y entonces recuerdas que estabas lleno y no lo necesitas. La
última calada de aquél último cigarro, y entonces recuerdas la finitud de tus
vicios. El billete en tu bolso, no gastado en ese gusto; porque pensaste que
podrías comprar algo mejor. La llama que quemó tu mano cuando intentaste apagar
el fuego, y entonces recordaste que aún había furor, la mala noticia que te
hizo apreciar las trivialidades de la vida, la carta a destiempo que te hizo
recordar que los segundos pasan. El pretexto que usas para pedir disculpas, y
te das cuenta que aún hay perdón. Los versos que no pueden retenerse en tu
boca, aunque sabes, que son mala poesía, pero salían así, defectuosos de tu
alma. Soy el signo de interrogación a los cómo y para qué, y entonces entiendes
que aún hay muchas, muchas respuestas, pero hacía falta preguntar por ellas.
No soy ni tu error, ni tu acierto.
Como verás yo soy la piedra, el viento, el hartazgo, la voz, el bocado, el
cigarro, el billete, la llama, la noticia, la carta, el pretexto, los versos,
las preguntas.
. . .La ingratitud de la Luna que
aún en su claro, te trae melancolía.
domingo, 16 de noviembre de 2014
En la habitación
Pensé entonces en cuántas oportunidades he saboteado en mi vida, en cuántos momentos que hubieran cambiado mi historia pudieron pasar, y no ocurrieron por temor a las consecuencias. Me quedé paralizado de pensarlo, hubiera deseado actuar más. Me abandoné a esperar un momento que quizá nunca iba a llegar. Percibí la habitación más oscura, no pude de hecho diferenciar ningún objeto, distinguir siquiera si tenía los ojos abiertos o cerrados. Mis miembros, tampoco sabía en qué posición estaban, un leve movimiento en el pie me hizo recordar apenas que tenía uno; moví el otro y lo ubiqué en mi propio cuerpo, pero mis manos, no me atreví a descubrir dónde estaban, donde quiera que fuese ahí estaban bien, no sentirlas me tranquilizaba. Por el momento era sólo mi mente ese yo. El silencio, absoluto como era, presionaba mis oídos. Me encontré a mí mismo en la indescriptible sensación de pedirme perdón. Me disculpaba de ser yo mismo. -Miserable- dijo mi otra voz, no a modo de compadecerme, sino de reprocharme. En definitiva me negaba a sentir compasión de mí mismo, eso me pareció siempre, cosa de perdedores, aceptarme fracasado no era opción. Sin embargo seguía ahí sin moverme, con temor de mi propio cuerpo, escondiéndome de mí mismo en la oscuridad.
¿Dónde?
Cansada estoy de buscarte
sin encontrarte
de ver tu silueta en cada parte
de que mis muros se extrañen de tu ausencia
y los muebles respiren aún tu esencia.
Hemos visto la misma Luna varias veces
desde puntos tan lejanos, tan distantes.
¿Eres tu el oscuro caminante?
¿Eres tú la sombra bajo mi ventana?
¿Estás en el viento en la mañana?
Puedo ver el reloj correr
presurosas sus horas
y como cada hora está llena de ti
como en mi vida
ya nada sobra.
sin encontrarte
de ver tu silueta en cada parte
de que mis muros se extrañen de tu ausencia
y los muebles respiren aún tu esencia.
Hemos visto la misma Luna varias veces
desde puntos tan lejanos, tan distantes.
¿Eres tu el oscuro caminante?
¿Eres tú la sombra bajo mi ventana?
¿Estás en el viento en la mañana?
Puedo ver el reloj correr
presurosas sus horas
y como cada hora está llena de ti
como en mi vida
ya nada sobra.
¿Quién quiere una parte del mundo?
¿Quién quiere una parte del mundo
para permanecer seguro
y encerrarse bajo candado
del júbilo de extraños?
¿Quién quiere una parte del mundo
que posea por completo
y deje a su hermano
ahogarse en su reflejo?
¿Quién quiere una parte del mundo
para reservar con recelo
para romper en llanto
y ocultar el canto?
¿Quién quiere quedarse solo
y estando solos, no estar consigo,
sin otros en el mundo
quién quiere permanecer seguro?
para permanecer seguro
y encerrarse bajo candado
del júbilo de extraños?
¿Quién quiere una parte del mundo
que posea por completo
y deje a su hermano
ahogarse en su reflejo?
¿Quién quiere una parte del mundo
para reservar con recelo
para romper en llanto
y ocultar el canto?
¿Quién quiere quedarse solo
y estando solos, no estar consigo,
sin otros en el mundo
quién quiere permanecer seguro?
domingo, 7 de septiembre de 2014
¿Qué hago ahora?
Degusto los besos de tu boca, que me quedan tras la ausencia.
Las palabras que le hablan a mi piel resuenan aún en ecos, se albergan poro tras poro,
me gritan, me llaman por mi nombre, su voz se distorsiona hasta volverse irreconocible.
Y en la habitación la melodía que jamás sonó, no deja de tocarme.
Entonces heme ahora aquí
cuestionando a la noche, acerca de cosas del amor
Y le pido una palabra
que me haga retener tu imagen
y vivir tu recuerdo.
Que me tome y me libre del mar de las dudas
Que cubra mi cuerpo de estraza
del viento frío del invierno
que congela mis pasos
y los manda de regreso
de regreso a casa, bajo la colcha.
Allí un poema que jamás se escribió
me es susurrado bajo el anonimato de las sombras.
Cometí el error de dejar de escucharle entre sueños
y poner en su boca mis palabras.
Cometí el error de dejar que se escurriera entre mi pelo,
y permitir que humedeciera mi alma.
Debí decirle “vete”
cuando podía abandonarme sin que mi importara.
Debí decirle “quédate”
sin miedo a cortar mi lengua con mis ganas.
Hubo un momento en que todas las cosas fueron relevantes y volaban sobre mi cabeza, me picaban buscándome, pidiendo que saliera, que saliera a volar con ellas.
Y yo les dije, desde mi prudencia: <<esperemos a que salga el sol y se asiente el sereno de la mañana. Podremos disfrutar así de la luz del día.>>
Entonces no sabía lo que era estar a estas horas, acompañando en su marcha a la madrugada, velando ilusiones ajenas, mientras las mías se encaminan a matarse una tras otra, como los segundos del reloj, viviendo su muerte, muriendo sus vidas.
La melodía se posa aún, decide posarse en la cama y hacerme compañía, decide tocarme y hundirse en mi almohada, me busca la cara, la mirada. Me busca y pide entrar. Viene cortés a mí y le acepto. Espero entonces que no pare, que pueda escucharle.
Ahora me dice: <<Nunca has sabido, qué es esto sin la duda.>>
Y la noche le acompaña en su defensa: <<Es cierto, no has sabido vivirlo sin matarte, a cada respiro, a cada sueño.>> Y prosigue en su lascivo discurso: <<No has sabido morirle sin vivirte, justo cuando se escapa, justo cuando se diluye en el viento, justo en ese momento, despiertas>>
Noche, le digo yo <<dime ¿qué hago ahora?>>.
Las palabras que le hablan a mi piel resuenan aún en ecos, se albergan poro tras poro,
me gritan, me llaman por mi nombre, su voz se distorsiona hasta volverse irreconocible.
Y en la habitación la melodía que jamás sonó, no deja de tocarme.
Entonces heme ahora aquí
cuestionando a la noche, acerca de cosas del amor
Y le pido una palabra
que me haga retener tu imagen
y vivir tu recuerdo.
Que me tome y me libre del mar de las dudas
Que cubra mi cuerpo de estraza
del viento frío del invierno
que congela mis pasos
y los manda de regreso
de regreso a casa, bajo la colcha.
Allí un poema que jamás se escribió
me es susurrado bajo el anonimato de las sombras.
Cometí el error de dejar de escucharle entre sueños
y poner en su boca mis palabras.
Cometí el error de dejar que se escurriera entre mi pelo,
y permitir que humedeciera mi alma.
Debí decirle “vete”
cuando podía abandonarme sin que mi importara.
Debí decirle “quédate”
sin miedo a cortar mi lengua con mis ganas.
Hubo un momento en que todas las cosas fueron relevantes y volaban sobre mi cabeza, me picaban buscándome, pidiendo que saliera, que saliera a volar con ellas.
Y yo les dije, desde mi prudencia: <<esperemos a que salga el sol y se asiente el sereno de la mañana. Podremos disfrutar así de la luz del día.>>
Entonces no sabía lo que era estar a estas horas, acompañando en su marcha a la madrugada, velando ilusiones ajenas, mientras las mías se encaminan a matarse una tras otra, como los segundos del reloj, viviendo su muerte, muriendo sus vidas.
La melodía se posa aún, decide posarse en la cama y hacerme compañía, decide tocarme y hundirse en mi almohada, me busca la cara, la mirada. Me busca y pide entrar. Viene cortés a mí y le acepto. Espero entonces que no pare, que pueda escucharle.
Ahora me dice: <<Nunca has sabido, qué es esto sin la duda.>>
Y la noche le acompaña en su defensa: <<Es cierto, no has sabido vivirlo sin matarte, a cada respiro, a cada sueño.>> Y prosigue en su lascivo discurso: <<No has sabido morirle sin vivirte, justo cuando se escapa, justo cuando se diluye en el viento, justo en ese momento, despiertas>>
Noche, le digo yo <<dime ¿qué hago ahora?>>.
jueves, 4 de septiembre de 2014
La Guerra
¿Escapamos entonces con vida?
¿Perdimos o ganamos la batalla?
Hago el recuento, hay ciento de heridos, decenas de muertos.
¡Vaya! ¡Y no se ha derramado ni una gota!
La sangre no fluyó nunca
Pero se congeló, bajo mi piel, en mis venas.
Entonces los cañones sonaron y vino a darse todo esto
No sabía entonces que estaba parada en un campo de guerra.
Corrimos, sí corrimos! Admitimos que tuvimos miedo.
Entonces vimos de cara a la muerte
Y era más pequeña de lo que parecía.
Y mis tropas decidieron desfilar hacia el frente, a la acción, a la batalla.
Aún con sus armas improvisadas
Aún sin sus defensas
Lo importante era estar ahí. ¡Luchar!
Lo importante era acecharle ¡tomarle!
Pero no queríamos matarlo, no, de eso nada.
Nos paralizamos frente a frente
Nos deshicimos uno al otro
Con silencios, con miradas.
Al paso del tiempo uno a uno iban cayendo
De su bando, de mi bando.
Y volvemos al momento presente
¿Ganamos o perdimos la batalla?
Aún sigue el recuento de heridas.
¿Perdimos o ganamos la batalla?
Hago el recuento, hay ciento de heridos, decenas de muertos.
¡Vaya! ¡Y no se ha derramado ni una gota!
La sangre no fluyó nunca
Pero se congeló, bajo mi piel, en mis venas.
Entonces los cañones sonaron y vino a darse todo esto
No sabía entonces que estaba parada en un campo de guerra.
Corrimos, sí corrimos! Admitimos que tuvimos miedo.
Entonces vimos de cara a la muerte
Y era más pequeña de lo que parecía.
Y mis tropas decidieron desfilar hacia el frente, a la acción, a la batalla.
Aún con sus armas improvisadas
Aún sin sus defensas
Lo importante era estar ahí. ¡Luchar!
Lo importante era acecharle ¡tomarle!
Pero no queríamos matarlo, no, de eso nada.
Nos paralizamos frente a frente
Nos deshicimos uno al otro
Con silencios, con miradas.
Al paso del tiempo uno a uno iban cayendo
De su bando, de mi bando.
Y volvemos al momento presente
¿Ganamos o perdimos la batalla?
Aún sigue el recuento de heridas.
La duda
Una duda
Una duda callada, una voz hecha silencio
Un eco que no termina de reproducirse
Una voz que no termina de escucharse
¡Calla!
No escuches, y mira
Mira, no juzgues, sólo abraza
Ya llegará el momento de lamentarnos
Pero ahora
¡Siente!
Detente a la par de los segundos, avanza detrás de ellos a paso lento.
Siéntate a lado de la sombra.
Sé como el viento, ligero ahora.
Y si se escapa...
¿Y si se escapa?
Y si salió corriendo en lo que escribía éstos fragmentos
Entonces ¿qué estabas viendo?
¡Voltea!
¿Está aún allí?¿Aquí?
¿Dónde estás parada?...
¿Ahora a dónde vamos?...
Otra duda... calla....
La trago, me asfixia. Digiérela.
Aún no se sacia tu vacío...
Come... hay más de donde vino esa, es como un manantial, emanan, de la tierra, de las rocas, en el agujero bajo mis pies, debajo de mis poros, emanan. Me humedecen la piel, me refrescan, no me dejan seca ni un segundo.
Y nado ahora entre ellas.
Estás en un mar... ¿él construyó siquiera una balsa? ¿Pensaba nadar?
¿Dónde está ahora? ¿Y mi horizonte?
Mi pecho no deja de oprimirse, mi voz de romperse.
Nada ¡NADA!
Ahora... intentaré salvarme, o no salvarme? Aguarda... esperabas a ser salvada?
¿Cuándo me alejé de la orilla? ¿Lo tenías esperado?
Cuando anochezca, esperaré una estrella, una Luna, un faro... Prepárate a nadar entre tinieblas.
Entre susurros me impulso... nada se extingue, nunca la duda.
Una duda callada, una voz hecha silencio
Un eco que no termina de reproducirse
Una voz que no termina de escucharse
¡Calla!
No escuches, y mira
Mira, no juzgues, sólo abraza
Ya llegará el momento de lamentarnos
Pero ahora
¡Siente!
Detente a la par de los segundos, avanza detrás de ellos a paso lento.
Siéntate a lado de la sombra.
Sé como el viento, ligero ahora.
Y si se escapa...
¿Y si se escapa?
Y si salió corriendo en lo que escribía éstos fragmentos
Entonces ¿qué estabas viendo?
¡Voltea!
¿Está aún allí?¿Aquí?
¿Dónde estás parada?...
¿Ahora a dónde vamos?...
Otra duda... calla....
La trago, me asfixia. Digiérela.
Aún no se sacia tu vacío...
Come... hay más de donde vino esa, es como un manantial, emanan, de la tierra, de las rocas, en el agujero bajo mis pies, debajo de mis poros, emanan. Me humedecen la piel, me refrescan, no me dejan seca ni un segundo.
Y nado ahora entre ellas.
Estás en un mar... ¿él construyó siquiera una balsa? ¿Pensaba nadar?
¿Dónde está ahora? ¿Y mi horizonte?
Mi pecho no deja de oprimirse, mi voz de romperse.
Nada ¡NADA!
Ahora... intentaré salvarme, o no salvarme? Aguarda... esperabas a ser salvada?
¿Cuándo me alejé de la orilla? ¿Lo tenías esperado?
Cuando anochezca, esperaré una estrella, una Luna, un faro... Prepárate a nadar entre tinieblas.
Entre susurros me impulso... nada se extingue, nunca la duda.
Pienso...
Y pienso en las cosas que voy perdiendo
y los pasos que dejan huella en la memoria
y en la arena antes de sucumbir al peso de mis pies.
Pienso en la primera vez que me animé a tomar frente a otros
y le dije a la niña interna: no nos hará daño, estarás bien.
Pienso en la primera vez que compartí una cama
y mis sueños ocurrían a la par de un extraño
y del amor que estaba ausente
y le dije: aprenderemos a amar, a amarnos.
Pienso en el primer beso robado, y en el segundo
y me dije: tuvimos mucho tiempo conservándolo
Pienso en el primer intento fallido de aliar mi vida a la de otro humano
y de sincronizar mis sueños y digo ¿cuántos años han pasado?
Pienso en el amor que no conozco
Pienso en las experiencias que en otros no fueron
Pienso en los ideales sobre los cuáles he y han pasado
Pienso, lo hago, lo vivo en mi piel
Pienso en los motivos que me llevaron
y luego los motivos por los que permanecí
pienso en los motivos de por qué huyo
y luego en los motivos por los que me sobreviví
¿Será que he derribado mis murallas
o me conformo con tan poco?
¿O sólo he decidido ver lo que siempre ha estado frente de mí?
Pienso en el coraje reunido
en llamar las cosas por su nombre
y quedarme sin disfraz
sin velos
y salir al mundo
sin nudos
desnudo.
lunes, 30 de junio de 2014
Mi babushka está enojada
Reservada del mundo, viviendo de la ironía que cabe en boca de pocos
está en rincones amargos, oídos de historias lúdicas y lamentos
Está detrás de ventanas cerradas que encierran el vapor de su cuerpo
Pasos y más pasos que se oyen a lo lejos.
Una, dos, tres, cuatro horas, infinitas horas, una tras otra con calma, con prisa
Es indiferente cuál va delante y cuál detrás
Come migajas de las horas que pasa sentada en ese rincón
Traga la luz de las sombras que pasan rodeando ese rincón
Somete a juicio las voces de ecos que aúllan en ese rincón
Comete crímenes de amor, sola, en ese rincón.
Desnudos
El telón de nuevo sube, delante de nosotros un hombre juega el rol que le corresponde, ha estado allí desde que tienes memoria y antes de que nacieras, y estará probablemente cuando tú te marches de escena. Lo ves desenvolverse muy bien acto tras acto, si está con ellos o si está con ellas; se adapta, improvisa siempre; le hará falta si quiere seguir siendo llamado a ocupar un papel estelar hasta que acabe la función.
Y tú te quedas absorto, es la obra que se presenta todos los días, por alguna razón la has visto cientos, miles de veces, y la sigues viendo esperando que aparezca algo nuevo, esperando que se presente algo más. Ese que está arriba se encuentra acompañado todo el tiempo, sin embargo algo por dentro te dice que está solo, y en su soledad se hace fraterno. Allá arriba se presenta un colectivo de soledades. Soliloquios todo el tiempo. Vestuarios para cada cuadro, máscaras según la ocasión. Ese allá arriba es “el otro”; ese también eres tú.
Para un tal Paz nadie juega fuera de la obra, para mí él tampoco lo está.
¿Quién nos asegura que logramos ver a través del artífice? Cuando la faceta está encarnada ¿cómo distinguir un rostro desnudo? No importa qué tan cercano sea el otro, nunca podrá por su experiencia traspasar hasta la nuestra. Pero eso no nos anula entre nosotros. Estamos con un pie en cada cuadro, el propio y el de los otros.
Una voz resuena, no identificas si viene desde adentro o desde afuera: “¿Y por qué no mostrarnos?” Nos hemos hecho a la idea de que los demás no soportarían nuestra cruda franqueza, y es mejor mantenernos en un enigmático misterio, a una repulsiva sobriedad. Un eco mudo.
Tercera llamada, nueva función, se anuncia “desnudos” y despierta el interés común, el público reprocha desde antes la falta de recato. Desnudo sin máscaras, desnudos sin velo, desnudos sin nudos, desnudos.
Allí van y muestran sus miedos, sus ansias, sus poros abiertos, fracasos en cada pliegue de su cuerpo, ilusiones que dan risa, obran como si los otros no existieran, pero son al fin ellos mismos..
Algunos observan extasiados, sonrojados, unos más suben a escena y se despojan también de su disfraz. No son los primeros en intentarlo ni tampoco los últimos, la obra está siempre inacabada, y así podrían exponerse todos a los reflectores los que quieren dejar de mentirse, como podrían no querer hacerlo ninguno nunca, estamos siempre en escena, arriba o abajo, es cuestión de perspectivas.
martes, 29 de abril de 2014
Retrato
Su cuerpo estaba hecho a imagen y semejanza de lo divino. Pero quiero decir que yo nunca vi eso, yo no vi la perfección en su silueta, yo no vi la perfección en sus manos, yo no vi la perfección en sus ojos. Yo vi allí parado a un hombre, con sus miedos y ansias brotando a cada poro, yo vi fracasos en cada pliegue de su piel, yo vi las manchas y las huellas que la edad le había dejado, yo vi horrores en su carne, lo vi mortal, lo vi humano. No necesitaba mentirme y elevarlo al grado de un Dios, él era todo menos perfecto. Él era quien era sin complacencias, él sabía que era quien había sido y quien siempre pretendió ser y nunca logró. Y yo no quería retratarlo fielmente como era tampoco, eso era tan suyo que nunca podría tomarlo.
Me limité a asombrarme de cada desperfecto, y que mi mano imitara mi asombro. Todos aman sus virtudes ¿Pero quién no ama lo bueno? Nadie se atrevió a ver de frente la cara de la debilidad sin hacerlo menos, sin mostrarle lástima u horror.
Mientras, él sigue parado esperando verse a sí mismo por mi retrato. Yo le haré ver lo por lo que el mundo lo desprecia, quiero que sepa que a mí no me horroriza; quiero que vea sus miedos, a mi no me paralizan, quiero que vea sus ansias, a mi no me acongojan, quiero que se vea en su propia piel sin hacerse menos, quiero que no desprecie su carne, que no se mienta ni oculte sus anomalías ni lo que lo hace torcido. Mortal y humano lo quiero.
jueves, 23 de enero de 2014
Cotidiano
Hoy mientras caminaba de regreso a casa, escuché una hermosa
melodía, era el soundtrack de mi caminar, de mi pensar, de mi instante en el
espacio tiempo mientras se escribe la historia; la historia del mundo. Caminé
más lento, me detuve, tuve que hacerlo. Miré al otro lado de la calle. De mi
lado hay un largo muro. No veo más que la cotidianidad. Sigo. Sigue. Me
detengo. Sigue. Volteo otra vez. Ahí hay una ventana abierta, con una luz
encendida, el cuarto es verde, y no hay nadie, pero de ahí viene el sonido de
un violín. Miro detenidamente, atenta a que algo aparezca, me escondo detrás
del árbol aunque el mundo aún puede verme. Se asoma por ahí, con su instrumento
toca, no distingo quién a quién. Nunca voltea. Pero es agradable a la vista, es
un hombre, de cabello largo. Veo reflejado en él los amores de mi vida, y los
no amores también. Es la pieza sin rostro que siempre repito, el anhelo que
nunca se cumple. Él arriba recrea música, yo espío desde abajo, detrás de un
árbol. Desaparece del marco de la ventana. Escucho una vez más antes de
continuar mi marcha, de regreso a casa, donde el mundo no tocará para mí.
miércoles, 15 de enero de 2014
Alma eterna
Eres alma eterna,
canción errante y taciturna.
Giras por el lado
más acabado de la vida.
Juegas a tocar tristes baladas
y bailas sonriente bajo la lluvia.
La neblina se escabulle entre las blancas piedras.
Miras, ingrata.
del otro lado del que giras.
Las lágrimas resbalan por tus moradas mejillas.
Bebes, corazón
de aquél otro que te embriaga,
del que te enamora cuanto desconoces
E ignoras el que a lado tuyo te ama.
Despierta amor
Despierta amor a esta fría mañana,
cúbrete con las hojas del otoño
Observa las siluetas que ayer no viste,
por fijar tu mirada sólo en una.
Escucha a las aves venir y recitar
una oda a los cantos placenteros.
Sumérjeme otra vez
en esas turbulentas aguas
donde acaba mi mundo
y comienza el Universo.
Detén el tiempo,
bajo cualquier pretexto
y quédate esta mañana amor.
Toca el día, abrázalo en su devenir,
impaciente, sordo a tus súplicas, siempre perecedero.
Toma amor, esto que te brindo ahora,
el instante efímero
en que se cruzan tus sueños con mis sueños.
martes, 7 de enero de 2014
miércoles, 25 de septiembre de 2013
¡Claro que la amo!
¡Claro que la amo!
Dijo el cobarde
Con lengua tajante
y bigotes de alambre
Son dulces sus manos
¡Deleites carnales!
Testigos culpables
De pactos mortales
Pero la marca en la mejilla delata el crimen
que con fiera osadía cometía el especímen
Mas sus pálidos labios
y ojos en pena
susurran despacio
la verdad que condena
¡Y Cómo no amarla!
Si sólo fue ella
El alma eterna
La tragicomedia.
Besos de sangre
Pero la marca en la mejilla delata el crimen
que con fiera osadía cometía el especímen
Mas sus pálidos labios
y ojos en pena
susurran despacio
la verdad que condena
¡Y Cómo no amarla!
Si sólo fue ella
El alma eterna
La tragicomedia.
Y el cinismo en la boca
Que mentiras echaba
Golpeaba y mataba
A mi bella dama
Caricias viciadas
Abrazos mortales
Emanaban sin calma
No mata el amor!
Grita: No basta!
Y en sueños eternos
Claro que la amaba
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